El Fotófono, germen de la fibra óptica

Muchas cooperativas de la provincia que prestan servicios de telefonía, TV por cable e internet, se encuentran por estos tiempos realizando una actualización tecnológica, mejorando sus sistemas de comunicaciones a través de la instalación de troncales de fibra óptica en sus redes de distribución.

Esta supone un medio de transmisión de última generación, permite la propagación de una onda luminosa, la transmisión de señales se realiza por medio de fotones, los que no se ven afectados por campos electromagnéticos. Pueden instalarse cerca de los conductores metálicos o líneas de alta tensión sin que se produzcan interferencias electromagnéticas. Además posibilita un gran ancho de banda, lo que implica una considerable capacidad de transporte de información, entre otras ventajas.

Este avance encuentra su origen más remoto en el fotófono, registrado en el año 1880, una creación del mismísimo Alexander Graham Bell, inventor y científico británico, titular de la patente del teléfono, entre otras producciones tecnológicas.

Bell, experimentó con el fotófono, logrando transmitir sonidos, incluyendo voces a través de un rayo de luz, logrando así las primeras comunicaciones inalámbricas.

Se trataba de un aparato construido con espejos y cristales de selenio, este elemento químico tiene la propiedad de poseer un efecto fotoeléctrico, convirtiendo la luz en electricidad, y además su conductividad eléctrica aumenta al exponerlo a la luz.

El principio básico del fotófono consistía en modular una emisión de luz directamente al receptor, que era donde se conectaba un teléfono. La modulación era hecha por un espejo vibratorio que periódicamente oscurecía el haz de luz.

En un experimento realizado en la ciudad de Washington, el emisor y el receptor fueron situados en diferentes edificios a unos 700 pies de separación. El emisor consistía en un espejo que dirigía la luz del sol para ser modulado por el espejo vibratorio y enfocado por un lente que lo dirigía al receptor. El receptor consistía de un reflector parabólico con las celdas de selenio en el foco y un teléfono incorporado.

De esta manera pudieron comunicarse, aunque la calidad de la comunicación fue pobre y la investigación no fue continuada por Bell, el aparato no tuvo aplicación práctica, ya que carecían en ese momento de una fuente lumínica adecuada y de un medio de transmisión de bajas pérdidas. Sirviendo este experimento solamente de base, al desarrollo posterior de las comunicaciones utilizando fibra óptica y láser.