El uso del gas natural en la antigua China

El gas natural es un combustible fósil, al igual que el petróleo y el carbón se formó de los restos de plantas, animales y microorganismos que vivieron en la tierra hace millones de años atrás.

El descubrimiento del gas natural data de la antigüedad en Medio Oriente, hace miles de años, -aproximadamente 6000 A.C.- se pudo comprobar que existían fugas de gas natural que prendían fuego al contacto con alguna chispa o similar, dando lugar a las llamadas “fuentes ardientes”. En Persia, Grecia y en la India se levantaron templos para prácticas religiosas alrededor de este fenómeno natural. Sin embargo, estas civilizaciones no reconocieron inmediatamente la importancia de su descubrimiento.

Fue en China, alrededor del año 900 antes de nuestra era, donde se comprendió la importancia de este recurso. Mediante la perforación de profundos pozos excavados para buscar yacimientos de sal y de caliza, accidentalmente detectaron la presencia de un gas que podía intoxicar a los trabajadores, al prenderle fuego observaron que la llama se mantenía y con el tiempo constataron que podían conducir ese combustible en tuberías hechas con cañas de bambú y selladas con barro.

Los conductos de bambú transportaban gas natural a muchos kilómetros de distancia, y en ocasiones pasaban por debajo de los caminos o por encima de los puentes.

El encendido y la utilización del gas natural para producir luz y calor planteaban ciertos problemas que los antiguos chinos resolvieron satisfactoriamente. En textos antiguos encontramos descripciones detalladas de las complicadas medidas que se tomaban para controlar el aprovechamiento de este recurso natural.

En primer lugar, el gas que se obtenía de los yacimientos se introducía en una gran cámara de madera en forma de tonel cónico situada a unos 3 metros por debajo del suelo, en ésta además se filtraba aire a través de una tubería subterránea. De este modo, la cámara actuaba como un gran carburador que daba a unas tuberías que a su vez desembocaban en otras cámaras cónicas más pequeñas, apoyadas en el suelo. También éstas recibían aire y estaban provistas de diversas tuberías de entrada que podían abrirse o cerrarse, de modo que se podía regular la “máquina” manipulando continuamente la mezcla de combustible y aire.

Si disminuía la presión de la mezcla, podían producirse explosiones peligrosas por lo que debía abrirse aún más la cámara principal. En cambio, si la mezcla era demasiado fuerte, podían producirse incendios, lo que obligaba a dejar que el gas sobrante escapara por un sistema de vaciado que se llamaba “tubería de impulsión hacia el cielo”.

Al comienzo se le dio un uso industrial, quemaban el gas para calentar salmuera, evaporando el agua obtenían de manera aislada la sal. Con el tiempo, las llamas de una altura inferior a 50 centímetros servían para producir luz en algunos ciudades de Sichuán -provincia del sudoeste chino-. En estas localidades privilegiadas el gas también se aplicaba a la producción de calor pero no se conocen los detalles de su utilización. Parece poco probable que existieran estufas de gas propiamente dichas, presumiblemente el calor producido por este método era empleado para cocinar.

Existen testimonios de la búsqueda sistemática de gas natural mediante perforaciones a gran profundidad, el historiador Chang Qu en el año 347 D.C. decía lo siguiente en su libro Testimonios de la región al sur del monte Hua: “En la zona en que el río que viene de Bupu se une con el río Huojing hay pozos de fuego; por la noche, el resplandor se refleja en el cielo. Cuando los habitantes de esa región quieren encender fuego, prenden las salidas del gas con tizones de los hogares de sus casas; al poco tiempo se oye un ruido como el retumbar del trueno y las llamas adquieren tal brillantez que iluminan toda la zona, a varias docenas de li (varios kilómetros) a la redonda. También emplean tubos de bambú para ‘encerrar la luz’, conservándola de tal modo que pueden trasladarse de un lugar a otro, incluso a un día entero de viaje desde el pozo, sin que se extinga. Este fuego no deja cenizas y la luz que da es muy brillante”.